Mirar al pasado constantemente no está bien. De vez en cuando, puede, pero no todo el tiempo. No obstante, hay veces que el pasado te tiene agarrado por el cuello y no quiere soltarte. No quiere que hagas muchos planes pensando en si podrás reverdecer viejos laureles.

Hace tiempo que mi vista no pasa de lo que pasó de un año a esta parte. La mayoría dirían que es malo. Pero yo sé más que la mayoría sobre mí mismo. Cuando me miro ahora, veo un poco de soledad (sólo un poco), una pizca de frío, y ramalazos de esperanza. Cuando no tienes nada, cualquier cosa te parece importante. Cuando lo has perdido todo, nada acaba por satisfacerte.

Hace un año mi vida estaba cambiando radicalmente. Estaba entrando en una nueva etapa que me había pillado medio por sorpresa, y en aquel momento, mi manía de no soltar el pasado lo comprometió todo. Llevo pagando desde entonces las consecuencias, y por lo que veo me va a tocar seguir pagando durante bastante tiempo más.

Mirar hacia adelante es algo que hay que practicar. A mi alrededor veo a mucha gente que cae en el desánimo o lo tristeza por no ser capaz de alimentar esperanzas de que el futuro siempre acaba trayendo cosas (buenas o malas, también tenemos que saber gestionarlas). No está escrito en ningún lado que vayan a llegar, pero hasta ahora a mi nunca me han fallado.

Hace casi dos años me describí en esta misma página como "roto". Un paso inevitable hacia una nueva etapa, hacia una reconstrucción de ti mismo pasa por, literalmente, "romper" con lo que eras. Lo que fue, fue. Y ya no tengo ganas ni ánimo de comprender los motivos ni las razones del porqué. Roto, tratando de recomponerme, me pasó una de las más grandes cosas de mi vida. Pero yo estaba caminando hacia atrás. Cuando conseguí darme la vuelta, me di cuenta de que ya estaba arreglado, pero que me estaba volviendo a deshacer.

Si, por retomar el tema del blog, hablamos estrictamente de sexo, nunca estuve tan compenetrado ni tan completo. Nunca alimenté tantas fantasías ni las vi realizadas ante mi.

Pero, volviendo a salir del tema, nunca recibí tanto dando tan poco.

Ahora necesito creer que la vida me va a permitir reparar todos mis errores, acabar de recomponerme por completo y volver a sentirme pleno. Necesito creer que voy a tener la oportunidad de arreglarlo todo. De correr bajo la lluvia en busca de la redención. Y que todo volverá a estar ordenado, encajado en su sitio. Que las fantasías sexuales se cumplirán y que dos personas que se quieren tanto no van a poder estar separadas mucho más tiempo. Necesito creer.

Pero también necesito un plan B. Porque no siempre recibimos lo que merecemos, ni tenemos la oportunidad de redimirnos.

¿Y cuál es mi plan B? Salir al sol, supongo. Encontrarte con gente que vale la pena y que comparte tu tiempo como si fuera suyo. Buscar siempre motivos para sonreír. Dormir. Soñar. Nunca perder la esperanza, pero no dejarse esclavizar por ella. Mi plan B, supongo, es vivir como si no estuviera recomponiéndome todavía, por segunda vez consecutiva. No caer en la desesperación.

Mi plan C, por cierto, es encontrar una máquina del tiempo.