Piedras en el camino
Cuando me desperté la oí en el baño. ¿Debería quizás haberla cogido por banda? ¿Un hombre cómo podía saberlo? Generalmente, decidí, era mejor esperar, si importaban los sentimientos personales. Si las odiabas de primeras, era mejor jodértelas de entrada; si no, era mejor esperar, luego jodértelas y odiarlas más tarde.
Charles Bukowski- "Mujeres" (1978)
Henry Chinaski, el escritor alter-ego de Bukowski, misógino, misántropo, alcohólico y otra serie de adjetivos a cuál más atroz, reflexiona de ésta forma tan taxativa sobre sus relaciones con las mujeres y el sexo. Yo no creo llegar a esos niveles de machismo galopante, aunque, si hemos de ser sinceros, seguramente todos hemos pensado cosas parecidas sobre el sexo opuesto en algún punto de nuestra vida.
¿Es tan difícil relacionarse con el sexo opuesto? No realmente. Lo difícil es llegar a conectar con alguien sin que todos sus defectos de repente te ataquen frontalmente y te hagan desear no haberte metido en esa cama en aquel preciso momento.
En los últimos meses, la vida de soltero (toda una novedad para mí, al menos desde hace muchos años), o quizá la desesperación, o simplemente la curiosidad, me ha llevado a conocer a todo un batallón de mujeres que han entrado (o reentrado) en mi vida como un elefante en una cacharrería. Por suerte o por desgracia (eso sólo el tiempo lo dirá), no es el sexo lo único que me ha unido a ellas, por más que en muchos casos yo así lo hubiera deseado. Me gustaría, pues, hacer una crónica de estos últimos meses de mi vida en lo que a relaciones con mujeres se refiere, como si fuera un Chinaski cualquiera...
Empecemos con la señorita A, gótica, muy guapa... con novio. Ops. Mi primera impresión fue que no teníamos grandes cosas en común. Por más que lo intentaba, no conseguía que me gustara Bauhaus. Como el primer intento de aproximación fue defectuoso, opté por, simplemente, ofrecerle consejos sentimentales. Resulta que su novio, el chico con el que estaba ahora, era su amigo de toda la vida, su mejor amigo. Se conocían desde hacía años e incluso se llamaban "primo", como queriendo hacer de menos la evidente atracción física que sentían el uno por el otro difrazándola de amistad (en eso soy un experto, que lo sepáis). Cuando se conocieron ella tenía novio, un novio que no la trataba especialmente bien, y un día, en una de tantas discusiones, ella fue a que su "primo" la consolase. Ya sabéis como acaban estas cosas. El cambio de novio fue instantáneo, pero ella, me decía, se arrepentía de haber cortado así con su ex. Tenía 25 años y jamás en su vida había estado soltera. Deberías intentar estar sola, le dije. Ya, ya..., contestaba. Una vez que hablamos y hablamos sobre su vida, y tras repetirme lo genial tío que soy, dejó de hablarme. Mis intentos por retomar la conversación acabron por caer en saco roto.
Y llegó la señorita B, que sacudió un poco mi adormecido estado de ánimo. De repente me veía sonriendo pensando en ella o mientras hablábamos y pensando que no había nada en ella que no me gustara. Veintidos años y tantas cosas en común... era la historia de amor potencialmente maravillosa que no esperaba volver a experimentar. Pero la señorita B, escarmentada por una racha alucinante de ultracuerpos con forma de novietes, y recién salida de una relación de seis años con el hijo de unos fanáticos religiosos no parecía experimentar las mismas y extrañas sensaciones que me invadían a mí. Bueno, no todo es perfecto, especialmente si la señorita B vive a más de trescientos kilómetros de mí (sí, la conocí en internet, claro). Ella es una incógnita. Tan pronto soy su confesor, su amigo más íntimo, como se pasa varios días sin hacerme caso. Es una chica peculiar, realmente fascinante. La seguiremos atentamente...
Animado por el pseudo éxito (o fracaso absoluto, llamadlo como queráis) con la señorita B, y por una de mis mejores amigas, que aseguraba que allí encontraría a viejos amigos del instituto, me adentré en el oscuro mundo del facebook... para encontrar a mi amor platónico adolescente, la señorita C.
"Tú no lo sabías, pero me pasé todo el instituto enamorado de tí", le confesé en un mensaje privado. Me agregó de inmediato, me dijo que yo sí que sabía cómo subirle la moral a una chica. Mis ojos hicieron chiribitas, oh dios mio, el viejo amor de instituto, vuelve para convertirse en el verdadero amor de mi vida. Seguía igual de guapa que entonces. Hablamos. Se había casado hacía tres años. MIERDA. Acababa de divorciarse. BIEN. Su vida era un vaivén de emociones. Le dí mi número, "tenemos que quedar y contarnos la vida". Sonido de grillos en la noche. Creo que la señorita C se asustó un poco. Aún me envía algún mail de vez en cuando.
Pero si puedo llegar al amor platónico de instituto, ¿quién dice que no puedo ir aún más atrás? Sí, a la chica que estaba enamorada de mi en sexto de EGB, cuando teníamos doce años y las hormonas empezaban a despertarse... un intento un poco desesperado, ¿no os parece? Busqué a la señorita D por el facebook sin éxito, bueno, no todo es posible... entonces reparé en un amigo de un amigo de mi antiguo colegio... su apellido coincidía con el de la señorita D y de pronto recordé que tenía un hermano. Probé. "Hola, no flipes, por favor, tú no me conoces, pero creo que conocía a tu hermana..." Al día siguiente, la señorita D aparecía por arte de magía en el facebook. "Oyeeeee, cuánto tiempo, estoy flipandooooooo". Yo sonreía, mi diabólico plan había funcionado, ahora sólo era cuestión de quedar con ella y reverdecer viejos laureles. "¿Y que tal?" pregunté cortésmente. "¡Me caso en octubre!!" respondió feliz. MIERDA. ¿Qué les pasa a todas las mujeres de treinta con las bodas? Seguimos hablando, claro, porque a pesar de todo me hacía mucha ilusión retomar contacto despues de casi veinte años. Había mucho que contar. Mucho.
España ganó la Eurocopa y me crucé en el camino de la señorita E, que tiene un trabajo de lo más peculiar, pero que me cae bien, y yo a ella, empezamos a salir, pero uno de los dos mete la pata y el ambiente se enrarece. Las promesas de días de sexo y gloria con la señorita E se van por el desagüe.
Pero en seguida apareció la señorita F, hermana de la señorita B. Sí, hermana. Inmersa en una depresión de esas que te hacen pasar el día llorando. También se había enamorado de un gilipollas, en su caso fue aún peor porque se fue de su ciudad para vivir con él a muchos kilómetros de distancia de su verdadero hogar, y él, en cuanto la tuvo allí, decidió hacerle la vida imposible. Con lo que todos los sentimientos, todos los "te quiero", los "nunca me había sentido así con nadie" se convirtieron en el material con el que se hacen las canciones deprimentes que nos hacen querer suicidarnos y que no podemos evitar escuchar cuando más nos acordamos de la persona que más nos ha querido. De cualquier forma, ella necesitaba hablar. Me llamó a las tres de la madrugada, llorando, estuvimos hasta las seis, hablando de todo un poco, de ella, de él, de mi, de ella, de mi ella, de su hermana, la señorita B. La señorita F es una persona cojonuda que merece un poco más de suerte en la vida y que espero la encuentre a no más tardar, quizá (quien sabe), ¿con el enamoradizo amigo de la señorita B? Rayos.
Me fui a la playa, harto de la ciudad, allí conocí a la señorita G. Funcionó, había chispa, había risas, había miraditas. Ah, pero es que a mi me cuesta. Una tal señorita H se nos cruzó en el camino. Como si de una celestina cuaquiera se tratase, lo sembró todo de humo negro para que ninguno pudiese ver lo que había al otro lado. Ella no está interesada en tí, me dijo la señorita H, que velaba por los intereses de un señor N, al que al parecer le gustaba tambien la señorita G, pero claro, esto no lo supe hasta que volví de la playa y la señorita G en cuestión me empezó a hablar de las malas artes de la señorita H. Entre los dos sacamos los dos lados de la historia y llegamos a la conclusión de que soy mucho más torpe de lo que parezco. La señorita G, claro, no podía vivir en mi ciudad. Eso sería demasiado sencillo. Pero dice que vendrá a verme. Dice.
Allí abajo conocí también a la señorita I, que traía una hermana, la señorita J, sólo que la hermana vivía en el extranjero y tenía novio. No obstante, la señorita I parecía más que receptiva. Especialmente cuando me veía en bañador. O algo. Nos cambiamos móviles, pero nunca más se supo de ella... hasta que hace poco me mandó un mail diciéndome que había perdido su móvil... todo tenía su explicación... y que iba a venir de visita a mi ciudad. Maravilloso. Su hermana, la señorita J también viene, pero en diciembre, y además tiene novio. Pero son muy majas.
Si os habéis fijado, los pocos que aún estéis leyendo esto, tadavía no me he comido una rosca.
Pues bueno, eso se terminó con la señorita K, a la cual conocí poco después de que mi ex novia favorita me dijera que estaba con otro hombre. Llámalo suerte, llámalo destino, el caso es que a las pocas horas estaba enrollándome con la señorita K. Otro viaje a la playa más tarde, tomo la decisión de pasar un fin de semana con ella en un hotel pegado al mar. El plan romántico definitivo, sólo que quizá, con la persona equivocada. En el intervalo que pasa entre la playa 2 y la playa 3 con la señorita K, conozco a la señorita L, que aparece literalmente de la nada y empieza a tambalear los cimientos de mi relación con la señorita K. Durante una semana veo cosas muy extrañas. Me veo jugando a dos bandas con dos mujeres y convirtiéndome en la clase de persona de la que nunca se puede hablar bien, así que le digo la verdad y nada más que la verdad a la señorita L, que no sabe muy bien qué decir, mientras que la señorita K sigue en stand by. Me enrollo con la señorita L, pero algo no funciona del todo bien (¿es ella? ¿soy yo? ¿somos los dos? ¿es el maldito freno de mano?), así que me concentro en la señorita K por el bien de nuestra salud mental. Y me voy a la playa..
Nada más llegar me doy cuenta de que quizá no debería estar allí. Sexo, sol, playa, arena, sexo, final de baloncesto masculino en las olimpiadas, desayuno que el hotel me regala pero luego pretende cobrarme, viaje de regreso, setecientos kilómetros y un sólo destino: el olvido. Nada más llegar aparco en un vado delante de la casa de la señorita K, mientras le saco las maletas, un coche pretende entrar en el vado, asi que me veo obligado a dejarla tirada, literalmente, en mitad de la calle. Luego me cuenta que las maletas se le abrieron y se quedó con toda la ropa desperdigada en mitad de la calle. Me siento como un canalla que después de utilizar a una mujer la abandona en mitad de la carretera. Lo siento. Da igual, me dice, yo también sigo enamorada de mi ex, lo que pasa es que mi ex es un gilipollas, y en cambio tu ex es la mujer de tu vida. Me la quedo mirando...
Tiene toda la puta razón.
Lo hablo con la señorita F y coincide conmigo, pero en el interludio, ella y la señorita B están de paso en mi ciudad, de camino a un macrofestival de música. Conozco por fin a la señorita B y me quedo encantado con ambas. Creo que se quedaron con ganas de jugar a los bolos. Pero yo no he jugado a los bolos nunca. ¿Eso es malo?
Entonces otra mujer, la señorita M, a la que hacía tiempo que admiraba en la distancia, se convierte en otra gran amiga (gracias a dios, tiene novio estable, lo que hace que mis comeduras de tarro sean invisibles)... y así seguimos, como si de un libro de Bukowski se tratara, encontrando y desencontrando mujeres que, para bien o para mal van dejando un poso en mí...
Lo que el paso de los meses nos está enseñando es que no importa la cantidad de mujeres u hombres que se nos crucen en el camino con promesas de noches de pasión desatada... que no importa lo mucho que haya hablado aquí de sexo sin amor, sexo con amor, o sexo con cabeza... al final lo que cuenta está mucho más allá de eso. Del sexo, de la atracción, del morbo o de la sensualidad. Al final, lo que importa es lo que sientes cuando miras a la persona que amas y ves en ella al ser mas bonito que hay en el mundo. Ese es el verdadero orgasmo.
Aunque sospecho que Chinaski no estaría de acuerdo conmigo.
Por cierto, he vuelto, coño.




Tratando de descubrir los misterios del sexo en esta extraña sociedad que nos ha tocado compartir. Si decidís acompañarme, puede que entre todos consigamos llegar a alguna conclusión... Porque todos somos sexualmente activos ¿no? Pues salgamos del armario y hablemos de ello de una vez.
Oscar Calixto dijo
Ya era hora has tardado la friolera cifra de 9 meses y un dia, que para alguno de nosotros fue peor que una condena.........
25 Septiembre 2008 | 08:15 PM