Hace tiempo que no escribo por aquí. La verdad es que mi vida sentimental y/o sexual ha experimentado un auténtico torbellino desde el último post. Cosas de terminar con relaciones de tanto tiempo, supongo.

Decía que mi vocación era la de follar por el mundo, y casi, sin querer, empecé la gira en Murcia. Bueno, empecé y acabé.

Hablaba de los celos, de qué pensaría si supiera que mi novia se acuesta con otros. Teníamos un pacto: haz lo que quieras pero no me lo cuentes. Bueno. La relación se acabó, y pregunté. Y obtuve respuesta, claro. Ella estuvo con otro. Y no me hizo gracia. Aunque ya lo imaginaba, aunque no podía reprocharle nada porque así lo habíamos acordado y porque yo hubiera hecho lo mismo de haberse presentado la oportunidad. Y sin embargo duele. Ligeramente.

Pero entonces yo me voy a Murcia. Y es a ella a quien le duele. Qué complicado sigue siendo todo.

Vuelvo (Murcia no es para mi). Y durante unas semanas tenemos el mejor sexo de nuestras vidas. Pero seguimos solteros porque, bueno, es lo que habíamos decidido. Y porque se trata de salir al mundo a ver qué tal. Porque nos queremos pese a todo y pese a todos y no nos vamos a perder.

Ella al principio se sentía perdida, triste sin mi, abandonada, incluso. Luego me toca a mi. Triste sin ella. Porque ella está, pero hay otros también, y no son de Murcia precisamente. Y habrá más. Y seguiremos follando. Seguiré perdiéndome en su aliento entrecortado y su mirada excitada. Seguiré dando y tomando orgasmos de ella y seguiremos durmiendo abrazados, un poco sólo.

Y en algunos momentos sabré que ella no está cerca, que estará cerca de otros, y quizá yo me acerque también a otras. Y dudo. De qué hacer, decir o pensar. Lo veo todo bien, pero no tanto. Quiero gritar pero me callo. Quiero reencontrar esa mirada, reservada a mi, pero me aguanto.

Follaremos por el mundo, sí. Pero no tendré enfrente mio esa mirada de complicidad. Y puede que me acabe acostumbrando a no necesitarla. Porque puede que follemos con las mentes, pero el cuerpo también participa, y se lo pasa bien, y se vuelve adicto al tacto y a las sensaciones. Aunque no lo sean todo, a él (el cuerpo) le basta. Pero no sé.

Esperaremos, supongo. A ver qué nos depara la vida.