Un poco de Sumisión
Entre las fantasías sexuales más recurrentes y que atraen por igual a hombres y mujeres encontramos la sumisión.
Entendida casi como una forma de vida para cierta clase de gente, la sumisón (o BDSM) se puede entender como la demostración absoluta de amor por tu pareja.
Contrariamente a lo que se suele creer, la sumisión implica una total entrega y confianza a tu pareja (amo, en este caso) que es totalmente recíproca. El amo, que ejerce como dueño absoluto de la voluntad de su sumisa, tiene que conocerla (o conocerle) mejor que nadie y controlar sus deseos y placeres hasta el más mínimo detalle para ser capaz de satisfacerla.
Pero esto no va a ser un tratado sobre la sumisión y el sadomasoquismo, para eso hay otras páginas. No, yo voy a hablar de otro cosa.
A mí, como a muchos de nosotros, supongo, la idea de establecer un juego sexual en el que uno de los integrantes de la pareja tiene que asumir el papel de amo y el otro de esclavo tiene su puntillo de morbo. Según se dice, todos llevamos dentro un amo o un esclavo. Bueno. pues no es mi caso, porque nunca sé por qué me decidiría.
La sumisión es un juego. Eso hay que tenerlo claro. Es, de hecho, un juego de rol. Hay gente que se alimenta de estos juegos y los lleva a cabo con multitud de detalles y parafernalia, que a mi, particularmente, no me interesan para nada. AQUI tenéis un ejemplo de la forma de ver las cosas que tiene esta gente (totalmente respetable a mi entender). A mi es que me da mucha pereza pensar en comprar jaulas y grilletes y uniformes de cuero, y látigos y... no, esa parte del juego no me interesa, al igual que no me entusiasma la idea del placer a través del dolor (asi que látigos, pinzas y cera caliente también descartados).
Tampoco me interesa llevar el juego fuera de la habitación (o del lugar donde vaya a tener lugar el acto sexual, se entiende). Volviendo a la comparación con el juego de rol, hay parejas que hacen vida social sometidos al dictado de sus bajas pasiones, y tienen que estar siempre metidos en su papel. Reconozco que eso puede tener su gracia, pero tampoco me apetece demasiado que toda mi vida gire alrededor de un juego sexual.
¿Qué es, entonces, lo que me motiva de la sumisión? Bueno, obviamente todos hemos practicados alguna vez la sumisión en alguna vertiente "light"... vendarle los ojos a tu pareja... atarle a la cama... manejarle/a a tu antojo para que adopte las posturas que tu le vas dictando... todos hemos jugado a eso mientras hacíamos el amor.
Yo he adoptado invariablemente los dos roles, y no sé con cuál disfruto más... si con la "indefensión" y la incertidumbre de los actos que vas a realizar... o con la sensación de "poder", con saber que vas a guiar a tu pareja a dónde a ti te venga en gana y que ella va a obedecerte.
Son dos sensaciones muy poderosas y, para mí, igualmente satisfactorias.
Mi pareja y yo empezamos tapándonos los ojos y atándonos a la cama... el problema es que nunca encuentras una cuerda y algo parecido cuando la necesitas, así que recurres a lo primero que tienes a mano: una camiseta, un sujetador... todo ello acaba por deshacerse y caer al suelo a los pocos segundos.
Con el fin de mejorar nuestra pequeña fantasía un día compré unas esposas en un sex-shop. Un consejo sobre ello: no os vayáis a las baratas, son igual de útiles que las que te regalan en los "todo a 100" con el disfraz de vaquero.
Obviamente el invento dejó mucho que desear, aunque las primeras veces su sola presencia ya nos motivaba, más por lo que significaban que por el uso real que acabábamos dándole.
Luego pasamos a ponernos un poco "brutos" mientras follábamos. Un azote en el culo por aquí, un retorcimiento de pezón por allí... un tírame del pelo mientras me penetras por detrás... en fin, ese tipo de cosas.
Desde entonces hemos hecho pocos progresos, la verdad, puede que desalentados por cosillas puntuales como aquel quejido de protesta en contestación a ese cachete en el culo un poco excesivo que le propiné, o a ese aullido de dolor que proferí, casi cabreado, cuando ella retorció mi pezón como si fuera una peonza. Hechos que demuestran que la vertiente sadomasoquista no es lo nuestro.
Aún con todo (y con ánimos para seguir experimentando de vez en cuando en este apasionante terreno), creo que la dominación en la pareja es una tendencia casi instintiva que surge en el momento de mayor ardor sexual... como si fuera una manifestación del deseo de potenciar el placer al máximo. Todos deberíamos probarlo, al menos una vez, como casi todo lo que tenga que ver con el sexo (o al menos esa es mi opinión).
Una última recomendación: la visión ultra romántica que la película "Secretary" ofrece sobre el tema.
Y como muestra de que los vicios son cada día menos privados... en esta PAGINA podréis incluso acceder a unos práticos cursos de Bondage o planificar tu "fin de semana sumiso" con alquiler de celdas incluído.
¿Qué opináis vosotros? ¿Amos/as o sumisos/as?



Tratando de descubrir los misterios del sexo en esta extraña sociedad que nos ha tocado compartir. Si decidís acompañarme, puede que entre todos consigamos llegar a alguna conclusión... Porque todos somos sexualmente activos ¿no? Pues salgamos del armario y hablemos de ello de una vez.
Nick Furia dijo
Me ha encantado el artículo, creo que amo y sumiso por igual, pero dependiendo del momento.
Fuerza y honor.
27 Noviembre 2006 | 12:44 AM