La fuerza del erotismo
He hablado más o menos con profusión de detalles sobre la pornografía y mis gustos personales al respecto. Sin embargo no le he dedicado ninguna palabra a su hermano menor (o mayor, según el criterio que usemos): el erotismo.
Muchas veces, quizá condicionados por una sociedad que gusta de poner etiquetas a todo, diferenciamos entre el erotismo y la pornografía simplemente por la cantidad de sexo explícito que nos enseña. Así, en el porno encontramos todo tipo de elementos altamente explícitos dispuestos para conseguir, teóricamente, un alto grado de excitación. El erotismo, por contra, apela más a la capacidad de sugestión. A la insinuación que despierta nuestra libido.
Sin embargo, cada vez más frecuentemente, las fronteras entre uno y otro se hacen más difusas.


Las producciones pornográficas (o entretenimiento para adultos, como prefieren calificarse a sí mismos) de alta calidad, cada vez tienen una apariencia más sofisticada y elaborada. La iluminación, planificación y ambientación de esas películas tienden a buscar nuevos objetivos, algo más ambiciosos que la simple erección. El cine erótico, por contra, cuya frontera estaba bien delimitada, de pronto ha perdido el miedo a enseñar con exactitud lo que ocurre cuando dos personas hacen el amor.
Ejemplos de una y otra vertiente los encontramos sin tener que bucear mucho. Películas como "Intimidad", "9 songs", "Romance" o "Los idiotas" muestran escenas de sexo real con mayor o menor fortuna y mejor o peor calidad. En la película "The brown bunny", del director y actor Vincent Gallo, la actriz nominada al Oscar, Chloe Sevigny realizaba, incluso, una felación real, sin trampa ni cartón... La película, por contra, fue unanimemente vapuleada por la crítica en el Festival de Cannes de hace un par de años.
La literatura presenta una frontera aún más indefinible entre pornografía y erotismo, ya que al ser un medio que apela fundamentalmente a la imaginación del lector, suele ser considerado siempre como lo segundo. Obviamente, hay una clara diferencia entre los relatos publicados en el consultorio del "Penthouse" y la buena literatura erótica (recomiendo fervientemente "Historia de O" a todos aquellos que no lo hayáis leído).


Una desacomplejada Chloe Sevigny, que obviamente sabe valorar el erotismo. Debajo, la secuencia en cuestión. Sobran las palabras.

La fotografía, por contra, es fácilmente distinguible. Sin embargo, y pese a ser un medio estático, creo que ofrece muchas más posibilidades que el cine.
Un retrato en el que no aparezca un centímetro de carne puede ser increíblemente erótico. Y una foto tremendamente explícita de un órgano genital (masculino o femenino) puede ser la viva representación de la anti-lujuria.
La fotografía erótica es un arte que me fascina por las alucinantes posibilidades que ofrece, por cómo una luz concreta en un entorno exacto pueden llevar tu mente a terrenos que jamás habrías sospechado. Por la facilidad con la que una buena fotografía convierte en fascinante un cuerpo aparentemente vulgar, o un cuerpo magníficamente torneado, en una instrumento divino.
De nuevo, Angelina, sin más, la viva imagen del erotismo.
El erotismo, pues, es la fuerza que anima a nuestro yo sexual a despertar y reclamar su parte de protagonismo. Es un arte complejo que apenas ha sido explotado (el cine, por ejemplo, aún está por ofrecer la obra erótica definitiva), y que nos reconcilia con la versión de nosotros que generalmente no nos atrevemos a enseñar.
La cuestión es que, curiosamente, el erotismo inunda nuestras vidas. La publicidad, consciente del buen reclamo que es el sexo, no para de bombardearnos con imágenes eróticas en revistas, carteles, spots televisivos... un erotismo algo light y encorsetado, claro, aunque a veces, nada disimulado.
Larga vida, pues, a la sugestión erótica...


Tratando de descubrir los misterios del sexo en esta extraña sociedad que nos ha tocado compartir. Si decidís acompañarme, puede que entre todos consigamos llegar a alguna conclusión... Porque todos somos sexualmente activos ¿no? Pues salgamos del armario y hablemos de ello de una vez.
Isabela dijo
Seducir... es un arte.. y está incluído dentro del erotismo...
Isabela
26 Septiembre 2006 | 02:24 AM